• She went to the Lord many times to asked why.  Why was she repugnant to them? Why such resentment? Why was she rejected and despised?  Why do they all say that she was made wrong?  Was she so dishonorable and unworthy? Was she incapable of doing anything right?   Did any kind words exist to represent her?   

    Daily, her heart aches when she heard the words used to tell of her.  What is a harlot? Why do they want her to describe herself a harlot?  Why was there joy in their hearts when they make her repeat their words?  The words used to express and define her are repulsive, distasteful and unpleasant.  Her feelings of disgust and rejection are confusing. However, at four years of age the only thing she knows for certain is that she was not loved, and no one in her vicinity could be trusted. 

    They have beaten her more than once.  They have kept food, clothing and have asked her to sleep on the floor.  She was always paralyzed with fear when they tell her to go to the room.  The room is where they hurt her, and where she sees them. She never mentions it.  However, the darkness constantly floats below the ceilings.   They reside there. 

    It hurts every morning when she sits for breakfast.  She lifts up her legs to find relief as she eats her oatmeal. A woman gazes and dismisses her. She cruelly says that it will go away eventually.  It’s what you have to go through.   

    When she finishes breakfast, they drive her to school. She looks at herself in the car to makes sure her school uniform is tidy. After being drop off, she enters her Kindergarten class.   

    She is described as extremely smart even though she is shy.  They don’t know that she makes herself forget. She intentionally developed amnesia toward the betrayal of those who were chosen to love her.  If asked, she would be unable to speak of it.  She lived bewildered and confused. 

    However, her young heart breaks and grieves as she rides home.  Somewhere in her she knows; her dignity and humanity are being destroyed. However, those are adult words. The child in her sobs constantly, grieves in pain, and obeys when asked to do the unforgivable.   

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  • Cuando yo era niña, me enseñaron a orar el padre nuestro; Mateo 6:9-13.  Cuando di mi vida a el Señor Jesucristo, se añadío un ingrediente más a mi oración.  Esto fue una relación personal e individual con mi Dios.  Al principio en mi caminar, yo oraba por peticiones a mi Dios en aquello que yo no podía resolver.  A medida que crecí, comenzé a compartir más de mi vida con él.  Yo traía mis peticiones y las posibles soluciones a las mismas.  El Señor tomaba mis peticiones y me otorgaba respuestas de manera totalmente diferente a como yo habia pensado.  Yo estaba agradecida y me regocijaba en las respuestas a mis oraciones, pero siempre me preguntaba porque Dios escogía no utilizar mis métodos.  Sin embargo, continuaba orando y proveyendo al Señor posibles soluciones.

     Hasta el día que comprendí Isaías 55:8-9; «Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos».  En mis oraciones, yo confinaba al Señor y trataba de establecer limites a su poder.  El me estaba enseñando, que él no tenía limítes, ni en su grandeza, ni en su poder, ni en su gloria, ni en su bondad.  De ahí en adelante, decidí orar sin analizar posibles respuestas, simplemente confiando en él.  El Señor nunca defrauda y al proveer, me mostraba su amor, generosidad, supremacía y gran bondad, mientras que yo me quedaba maravillada y sin habla.  

     

    Hoy en día, al orar espero con anticipación pues la manera como Dios conteste y cuando lo haga será tan maravilloso como él.  Mi Dios vive para sorprenderme y al ver su amor, su supremacía, y su generosidad en mi vida, yo me sonrío.

  • Los días pasan uno tras otro, como sin memoria. El sol sale y se acuesta y yo sigo con mi angustia. Despierto en las mañanas cansada y con ojos lleno de lágrimas como repitiendo lo ya vivido. Me arrodillo delante de su presencia a suplicarle. ¿Será hoy el día que tú mi Dios me liberes de este dolor en mi alma?
    Todas mis ilusiones se habian espumado. Dentro de mi residía el vacío de mis sueños muertos. En el silencio, buscaba de él. ¿Donde está mi Dios? Si voy hacia delante no esta allí; y hacia atrás no lo puedo percibir (Job 23-8-9). Si tan solo lo encontrase, el me podría conseder el milagro de ver cumplido los deseos de mi corazón. Pero solo existía el silencio.

    Mi miseria y angustía me mantenian extenuada (Job 30:3). No había consuelo para mi corazón abrumado. De mi alma se habia apoderado la afflicción y el dolor me estremecia (Job 30:16-17). Solo quedaban pedazos de mí.
    Diariamente clamaba: si tan solo te encontrare (Salmo 22:1-2). Si tan solo tú mi Dios te acordaras de mí (Salmo 22:11) y vinieras a rescatarme. En mi dolor no me había percatado que mientras yo buscaba su rostro, él contestaba mis oraciones. Trajo personas a mi alrededor para que oraran por mí. Me obsequío la oportunidad de abrir la palabra con otros creyentes y compartir mis tristezas. Me libró de mis temores (Salmo 34:4-5). El Señor me dío el valor para continuar adelante, y me salvó de todas mis angustias (Salmo 34:6). Sin pedirle, sino solo por bondad, renovó mis sueños.

    Mi Dios bueno y misericordioso…¡Alabado sea su Nombre!

  • Yo siempre he creído en la protección de nuestro Señor. Me encantaba leer los verso de Isaías 41:10 y de Salmos 91:1-2 pues me ayudaban a reflexionar en él. Nunca pensé que la armadura de Dios se podía penetrar, ni consideré a el adversario dentro de mí. En mi naturaleza mora el pecado y la carne es tentada fácilmente (Efesios 2:3).

    Me sorprendió lo rápido que fui seducida por la tentación y por mis proprias pasiones (Santiago 1:13-14). Al verme abrumada, corrí al Padre para suplicarle que fuese mi apoyo (Salmo 54:4). Ya que nuestro Dios es misericordioso, él me sostenía y me daba la fortaleza para seguir adelante. Los ataques del enemigo eran continuos y despiadados. Mientras, el Señor me daba la habilidad de soportar la batalla (1 Corintios 10:13). Por su gracia, yo perseveré hasta el final.

    Suponía que cuando todo cesara por la gracia de Dios, yo no solamente saldría victoriosa, sino que saldría sin rasguños. Si el Señor era mi refugio, como habría de esperar algún otro resultado? Omití evaluar las consecuencias del conflicto. Al final, no solamente yo había sido transformada, sino que ahora cargaba conmigo cicatrices de guerra.

    Todos los días examino mis cicatrices deseando que desaparezcan. Estas son un recordatorio de la ardua batalla. Me hacen añorar la vida anterior donde no existían tantos disturbios ni altercados. Pero ya no puedo volver atrás. Mis cicatrices son un vivo recordatorio que ya nada es igual.

    Cuando el Señor estaba en el jardín y encontró a sus discípulos dormidos les dijo: «Velad y orad para que no entréis en tentación, el espíritu está dispuesto pero la carne es débil» (Mateo 26:41). Sin tan solo hubiese prestado atención a su advertencia.

    Si deseas seguir mi blog en inglés es: http://evadneesjourney.blogspot.com

  • Dicen muchos que cambios es lo único consistente en esta vida.  Yo estoy en completo acuerdo, pues en estos últimos meses mi vida ha estado repleta de cambios.  Decisiones han transformado mi caminar y me han removido de todo lo conocido.  He encontrado soledad, angustia, y dolor mientras sufro la pérdida de todo lo que fue familiar.  Pero no todo ha sido reemplazado, mi Dios sigo siendo igual.

    El es el mismo ayer, hoy y por siempre (Hebreos 13:8). Su carácter me ha sostenido y me he regocijado mientras disfruto su familiaridad.  Mi Dios bueno y santo que no me desampara.  El me ha guiado en un mar de decisiones. Ha provisto para toda necesidad y me ha llevado de la mano en un mundo desconocido.  Hoy tengo nuevas metas, nuevas amistades y una nueva perspectiva de él.  Me siento bendecida por su gran generosidad.

    Mañana tomaré otro paso de fe  y mientras lo hago estaré segura que el Dios de los cielos estará a mi lado.