Los Viernes

Mientras caminaba por el patio de la universidad le saludaban diciendo; ¡Feliz viernes! Todos sonrientes y entusiasmados pues comienza el fin de semana.  A pesar de años trabajando, nunca ha entendido el entusiasmo por los viernes.  Usualmente siente pavor las mañanas de los viernes.    

Ella retrocede y comienza a pensar en los viernes pasados. Con su cabello arreglado en un moño y sus labios de rubí le dicen que es hora de salir. Pregunta por su vestimenta y le comentan que no es necesaria para donde va. Solamente necesita un abrigo y sus tacones.  La han arreglado como si fuese una muñeca de venta.   

Se sienta tranquilamente en el auto.  Las apariencias son engañosas. Su corazón está en pedazos por el dolor y tiembla de miedo.  Se trata de componer para esconder sus emociones, pues si las revela, será acosada.   

Mientras van de camino, el le repite las razones por la cual ella existe.  Tratando de convérsese quizás a si mismo, de sus propias mentiras. Escucha a lo lejos, que su cuerpo esta hecho para ser regalado a otros y su propósito en la vida es ser ramera.   

Ella resiste sus palabras.  Pues tiene la ley de Dios escrita en el corazón y su propia conciencia y pensamientos indican lo que es correcto; Romanos 2:15. Su propósito en estos momentos es sobrevivir, hasta que venga el día de rescate. 

Entra el salón y remueve su abrigo. Nadie está sorprendido de que es una niña de 12 años.  Su cuerpo es asaltado hasta que todos están satisfechos.  El ha disfrutado la noche tomando y velando su propiedad.  Al final el dinero es intercambiado, y ella se coloca el abrigo y sale del salón.   

En el auto el describe su satisfacción en la noche y exige que ella se remueva el abrigo. Mientras maneja observa su cuerpo descubierto con placer y deseo.  Al llegar a su hogar ella sube a su cuarto en el tercer piso y se acuesta a descansar.  Mientras tatarea, se hace olvidar los sucesos de la noche.  Y no recuerda, hasta el próximo viernes.