El Galán

Ella tenía 10 años cuando el galán se le acercó por primera vez. El le dijo que era bella y que él quería que fuese su novia. Ella le sonrió. Que sabía ella de ser novia.  Su dueño estaba fuera del país y hacía unos cuantos meses que se sentía libre. Por eso, consistió en ser su novia.   

El galán era unos cuantos años mayor. Cuando ella le tomaba la mano, las apreciaba por ser grandes y robustas. Estas le hacían sentir segura y protegida.  Dentro de su inmadurez le tomó cariño.   

El dueño volvió inesperadamente y estaba molesto.  Le tomó un tiempo encontrar la manera de separarlos.  Eventualmente, trajo boletos.  Era hora de empacar para el viaje.  Por primera vez besó al galán. Fué para su despedida. 

Pasaron años sin verle. Estaba más madura cuando compartió con el de nuevo. Sus manos seguían siendo grandes y robustas. Ella esperaba que estas la protegieran y la hicieran sentir segura.  El dueño intervino pues no podía tolerarlo.  Engañó al galán y esté le creyó.  

Sus manos se convirtieron en herramientas de terror.  El corazón de ella se quebrantó al oír las palabras del dueño en la boca de su galán. Ella que pensaba que quizás esta sería la manera de sobrevivir y de ser rescatada.  El galán fue añadido a su lista de aflicción. 

A pesar de todo, esperó por años. Quizá se arrepentirá del dolor que le produjo y pedirá perdón.  En su soledad, creía que él la amaba.  Pero el galán nunca regresó.  Fui más fácil creer mentiras y lastimar. 

Eventualmente el rescato vino. Las obras que Dios estableció desde antes de la fundación del mundo fueron cumplidas.  Otros se deleitaron y se gozaron en ver a Dios cumplir su plan y a ella disfrutar su liberación.  

Hoy, recuerda al galán con compasión. Pudo haber sido un gran instrumento de Dios. Qué triste que su corazón no se lo permitió.